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DOMINGO 3º DEL T.O.

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JORNADA MISIONERA DE LA SANTA INFANCIA

 

Jornada de la Infancia Misionera

«Sígueme»

 

Saludo

    El Señor Jesús, que nos invita a seguirle esté con vosotros.

 

Monición de entrada

    Hoy, como todos los domingos, estamos reunidos ante Jesús para celebrar juntos la fiesta de la eucaristía. Hoy nos unimos a todos los niños del mundo para celebrar la Jornada de Infancia Misionera. En ella, Jesús nos invita a ir tras Él, diciéndonos: “Sígueme”.

    Para la misión tenemos el mejor compañero de camino, que va con nosotros y nos coge de la mano y nos levanta si caemos: es Jesús.

    Hoy es una muy buena ocasión para que cada uno de nosotros miremos hacia dentro, hacia nuestro corazón, y pensemos en cómo podemos mejorar para ser como Él: buenos compañeros de viaje con los que nos rodean.

 

Acto penitencial

    En silencio entremos en nuestro interior, y pidamos perdón a Dios:

  • Tú que has venido a dar la buena noticia a los pobres: Señor, ten piedad.
  • Tú que has sido envíado para liberar a los oprimidos: Cristo, ten piedad.
  • Tú que eres la promesa envíada por el Padre: Señor, ten piedad.

    Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad,

para que podamos dar en abundancia

frutos de buenas obras

en nombre de tu Hijo predilecto.

Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos.

 

Monición a las lecturas

    La salvación de Dios se nos presenta como un don que otorga sentido y luz a nuestra vida. Esa salvación sucede en Jesús. Él es para los creyentes la revelación de Dios, y no es por tanto motivo de división sino vínculo de unidad.

 

Lecturas: Is 9, 1-4; 1Co 1, 10-13. 17; Mt 4, 12-23

 

Sugerencias para la homilía

Desde la elección del papa Francisco, muchos creyentes y no creyentes han vuelto a mirar hacia la Iglesia como portadora de una Buena Noticia, del evangelio. Hemos visto de nuevo que es posible vivir la alegría del evangelio, tal como hace en sus pequeños gestos y palabras Francisco. Confiemos que su ejemplo vaya prendiendo en todos los creyentes de manera que podamos ser testigos creíbles del Reino de Dios.

La llamada que hoy escuchamos en la Jornada de la Infancia Misionera, tiene que ver con el anuncio de la alegría del evangelio: «sígueme» escuchamos de la boca de Jesús. Es una llamada a anunciar que el Reino de Dios ya está presente en medio del mundo y que todos, también los niños, son invitados a acoger el Reino ya a vivirlo con intensidad.

El Reino supone una transformación de la realidad, un paso de las tinieblas a la luz: “el pueblo que caminaba en las tinieblas vio una luz grande” (Is 8,23-9,3). Son precisamente los que viven en la tiniebla de la opresión y de la miseria los que experimentarán la luz del Reino. El Reino se hace presente en Jesús, en su persona, en sus palabras y en sus acciones. La persona de Jesús encarna el Reino. Dios se nos comunica en Cristo Jesús y comparte con nosotros su intimidad personal trinitaria. Esa vida es el Reino, vida que se hace presente ya ahora en la historia de los hombres que se convierten y cambian de vida.

El Reino se hace presente en la predicación de Jesús. Sus palabras son como un grande exorcismo que echa afuera los poderes que usurpan la soberanía de Dios. Sus palabras infunden una esperanza nueva en el corazón de los hombres. El evangelio es buena noticia de la cercanía y del amor de Dios. Son palabras de consuelo que curan los corazones afligidos que suspiran porque Dios haga justicia en el mundo. Las palabras de Jesús hablan de una nueva oportunidad para el pecador. Es posible rehacer la vida y empezar de nuevo en amistad con Dios.

 

El Reino se hace presente en las obras de Jesús que muestran la transformación individual y social que trae el reino. Los diversos tipos de curaciones son el signo de que Dios actúa a favor de la felicidad del hombre. Dios no reina para sus propios intereses sino que busca el bien de sus hijos.

El Reino se hace presente en la comunidad de los discípulos (Mt 4,12-23). La venida del Reino cambió la vida de Jesús y cambió la vida de los discípulos, que inauguraron un nuevo estilo de vida en familia basada no en los lazos de la sangre sino precisamente en el seguimiento de Jesús. Esa comunidad está al servicio del Reino, es una parábola que muestra cómo el Reino se hace presente entre los hombres y derriba las fronteras sociales y religiosas que tantas veces separan a los hombres.

La Iglesia primitiva fue una iglesia de pescadores, de personas que vivían a la intemperie y tenían que salir cada día a evangelizar a los hombres para atraerlos hacia el Reino. De esa acción evangelizadora dependía su supervivencia y su extensión en un mundo que ansiaba la salvación, pero encontraba con dificultad el camino que lleva hacia ella.

Los discípulos quedan asociados a su misión de enseñar, proclamar el Evangelio y curar las enfermedades y dolencias del pueblo. Jesús fundó una Iglesia, que es a la vez una realidad divina y humana, demasiado human. Ese elemento humano con el que Dios quiso contar para salvar al hombre presentará sus fallos desde el comienzo (1 Cor 1,10-13.17) en forma de bandos y divisiones. Pidamos al Señor en la eucaristía que seamos testigos de su Reino saliendo al encuentro de nuestros hermanos los hombres.

Oración de los fieles

    Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, en cuyas manos está el destino del universo, y pidámosle confiadamente que escuche las oraciones de su pueblo:

  • Por la Iglesia, para que siga llevando a todos los lugares de la Tierra la luz y la Palabra de Dios. Roguemos al Señor.
  • Por todos los niños del mundo, especialmente por los que sufren a causa de la guerra, las enfermedades, el hambre, la pobreza..., para que no se sientan solos y encuentren una mano amiga en la que apoyarse para seguir caminando. Roguemos al Señor.
  • Por los misioneros repartidos por todo el mundo, para que la fuerza y la fe que les hace caminar todos los días siguiendo a Jesús sea cada vez mayor y más fuerte. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que estamos aquí reunidos, para que el Señor nos conceda perseverar en la fe y progresar en el mutuo amor.

    Dios nuestro, que has fundamentado tu Iglesia sobre la fe de los apostoles, escucha nuestras oraciones y haz que, iluminados con tu palabra y unidos por los vínculos de la caridad, nos convirtamos en signo claro de salvación y de esperanza para cuantos viven en las tinieblas. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

En el momento de la colecta

    Llevamos al altar las ofrendas para que Jesús se haga presente en la Eucaristía. También es hora de mostrar nuestra generosidad, recordando que la colecta de hoy es para la Infancia Misionera.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, te pedimos

que cuantos hemos recibido tu gracia vivificadora

nos alegremos siempre

de este don admirable que nos haces.

Por Jesucristo nuestro Señor.

 

Antes de la bendición final

    Al terminar hoy nuestra celebración, debemos llevar presente el lema de la Jornada de la Infancia Misionera de este año: «Sígueme». Jesús nos invita a caminar junto a Él, a su lado, en este camino tan genial que es la vida. ¿Cómo seguirle siempre con fidelidad? Pues acercándonos a Jesús en la eucaristía y con nuestra oración.