inicio

 es |  eus

DOMINGO 3º DE CUARESMA

Bookmark and Share
DIA DE LAS MISIONES DIOCESANAS

 

Misiones diocesanas

 

Saludo

     La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, estén con todos vosotros.

 

Monición de entrada

     Avanzando en el camino cuaresmal, nos hemos reunido entorno a la mesa eucarística para compartir nuestra fe y beber de la fuente de la salvación-

     Nuestra fe necesita ser fortalecida, necesita el agua que sacia para siempre. De ahi viene la sed de los hombres y mujeres, de quienes necesitamos una verdadera experiencia de Dios.

     “El mundo, una familia. Estos son mis hermanos” dice el lema del día de las Misiones dioceanas que hoy celebramos. Nos hace sentir que somos envíados a la misión: somos llamados a llevar la Buena Noticia a todos los hermanos del mundo, que los sentimos nuestros.

     Oraremos por los misioneros, por los pueblos que ellos sirven con generosidad y también oraremos por nuestra Iglesia diocesana, para que nunca deje de ser solidaria

     Vivamos con ilusión está Eucaristía y nuestra vocación misionera.

 

Acto penitencial

     Confesemos nuestro pecado, poniéndonos en las manos del Señor..

  • Tú que eres el Mesias, el que ha de venir: Señor, ten piedad.
  • Tú que eres quien nos reconcilia con el Padre: Cristo, ten piedad.
  • Tú que eres el camino hacia la vida eterna: Señor, ten piedad.

     Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Oración colecta

Oh, Dios, autor de toda misericordia y bondad,

que aceptas el ayuno, la oración y la limosna

como remedio de nuestros pecados,

mira con amor el reconocimiento de nuestra pequeñez

y levanta con tu misericordia

a los que nos sentimos abatidos por nuestra conciencia.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos.

 

Monición a la liturgia de la Palabra

 

     Ante las muchas dificultades que atravesamos en la vida, muchas veces nos podemos preguntar si Dios está de nuestra parte. Eso mismo le sucedió al pueblo que caminaba hacia la libertad. Si nos encontramos con Jesús, nos daremos cuenta de que Él es el descanso y la vida en nuestra fatiga.

 

Lecturas: Ex 17, 3-7; Rm 5, 1-2. 5-8; Jn 4, 5-42

 

Sugerencias para la homilía

 

La alegría de encontrar a Jesús

 

Hemos dicho al inicio de la celebración que hoy celebramos el día de las Misiones diocesanas en las diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria con este lema: El mundo, una familia. Estos son mis hermanos. En efecto, en las Misiones Diocesanas también hemos sido capaces de crear familia. En los grupos ha habido sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos. Tomando la Palabra de Dios como hoja de ruta se han creado comunidades, se ha anunciado el Evangelio, y se ha vivido lo nuclear del ser cristiano, haciendo opción preferencial por los pobres. Hoy rezamos por las Misiones. Pero recordamos, también, que todos somos llamados a ser misioneros. La mayoría, anunciado aqui la Buena Noticia, pero quien sabe, quizás algunos yendo incluso a tierras de misión... fortaleciendo los grupos de misioneros tan debilitados.

 

Los que se han encontrado con Cristo han experimentado una alegría tan grande que no se la pueden guardar para sí. Necesitan comunicarla a los demás. Se convierten en misioneros de Cristo, que está en el origen de su alegría. La persona afortunada  de este domingo no tiene nombre, es simplemente una mujer samaritana, una pagana (Jn 4,5-42). A través de la revelación progresiva de la persona de Jesús, llega a la fe que hará de ella una misionera en su tierra.

 

La irrupción de Jesús en su vida va a producir un profundo remolino en el interior de aquella mujer. Ella va a descubrir que ella es un ser sediento, como la generación del desierto (Ex 17,3-7). Experimenta una sed, que hace que todos los días tenga que ir a buscar agua al pozo y que su sed nunca esté saciada. Al escuchar la promesa de un agua viva, su corazón se abre y ve la realidad de su propia existencia. Una vida sedienta de amor que ha ido consumiendo maridos y ahora vive con uno que no es su marido.

 

En el diálogo, descubre que Jesús es un profeta y eso le hace dar el salto a la trascendencia, pero ¿dónde encontrar a Dios? ¿Dónde darle culto? Las contradicciones de las opiniones humanas crean una desorientación profunda. Jesús va a ayudarle a ver claro. Dios es Espíritu y hay que adorarlo en Espíritu y verdad. La cuestión ya no es “dónde” sino “cómo”. La sed de nuestra existencia tan sólo puede ser saciada por el Espíritu, que ha derramado en nuestros corazones el amor mismo de Dios (Rm 5,1-2.5-8).

 

También ella esperaba la venida del Mesías, del Cristo, que lo aclararía todo. Su sorpresa es mayúscula cuando Jesús se presenta como el Mesías esperado. De pronto su vida cambia. Deja el cántaro y se convierte en misionera para su pueblo. Cuando se ha vivido una gran alegría, uno siente necesidad de contárselo a los demás. Sus paisanos no quieren perderse la oportunidad de encontrarse con el Mesías. Van donde Jesús y lo invitan a quedarse con ellos. También ellos van a creer en Jesús, unos a causa del testimonio dado por la samaritana, otros porque han hecho ellos mismos la experiencia. Ya no sólo han oído hablar de Él sino que han podido escucharlo directamente y descubrir que es el Salvador del mundo.

 

Ha sido todo un camino progresivo y laborioso el que hizo la samaritana y sus paisanos para llegar a creer en Jesús. Ha sido fundamental para ellos el acogerlo en sus vidas, el escucharlo y el poner sus vidas ante Él. En resumen es el proceso de la fe, que empieza con la sed de Dios que hay en el corazón de cada hombre que le lleva a buscar una respuesta a sus interrogantes. Cuando encuentra alguien que le aclara el misterio de su existencia y le da su Espíritu, uno se fía totalmente de Él y entra en su misterio. La persona de Jesús resulta inagotable. Es el profeta, el Mesías, el Salvador del mundo. Que el encuentro con Jesús en la eucaristía nos haga ir descubriendo progresivamente el misterio de su persona.

 

Oración de los fieles

 

     Siguiendo el ejemplo de nuestro Señor Jesús, que en el desierto se entregaba a la oración, oremos también sin cesar a nuestro Dios:

 

     Se puede cantar: Kyrie, eleison!

 

  • Para que todos los fieles, por medio de la penitencia y las prácticas cuaresmales, sean purificados y fortalecidos en su vida cristiana. Oremos. R/.

 

  • Para que todos los pueblos alcancen la paz, la tranquilidad y el bienestar necesario y puedan así buscar más facilmente los bienes del cielo. Oremos. R/.

 

  • Por nuestras Misiones diocesanas: por nuestros misioneros que en nombre de todos nosotros anuncian en evangelio en tierras necesitadas, por quienes nos esforzamos en ayudarles desde aquí. Que seamos conscientes de que la acción misionera es constitutiva de la Iglesia. Oremos. R/.

 

  • Para que el Señor infunda en nosotros el deseo de una verdadera conversión, a fin de que nos dispongamos para celebrar los sacramentos pascuales. Oremos. R/.

 

     Señor nuestro, fuente de todo bien, que nunca dejas de ofrecernos el agua viva de la gracia que brota de la roca, que es Cristo, el Salvador; escucha nuestras oraciones y concédenos el don del Espíritu Santo, para que manifestemos con valentía nuestra fe y anunciemos con gozo a nuestros hermanos las maravillas de tu amor.

 

Al hacer la colecta

 

     La colecta que vamos a hacer ahora será para ayudar a las Misiones Diocesanas.

 

Monición a la liturgia eucarística

 

     Venimos a la fuente. Este altar es el lugar del banquete que nos sacia la sed para siempre. Dispongámonos con atención, respeto y gratitud.

 

Oración después de la comunión

 

Alimentados ya en la tierra con el pan del cielo,

prenda de eterna salvación,

te suplicamos, Señor,

que se haga realidad en nuestra vida

lo que hemos recibido en este sacramento.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Recordar:       - Mañana (lunes, día 20) se celebra trasladada la Solemnidad de san José. Notificar la hora de la Misa.

                        - El próximo domingo campaña de la pastoral socio-caritativa: jornada de oración y colecta especial.

 

Monición final

 

     Salimos de la Eucaristía con tareas. Tenemos que vivir atentos, Dios nos habla cada día de muchas maneras y en por distintos caminos. Se nos llama a la fidelidad, pero el Señor mismo nos acompaña a ser fieles. Marchemos llenos de gozo.

 

Bendición solemne

 

El Señor esté con vosotros. R/. Y con tu espíritu.

 

Inclinaos para recibir la bendición.

 

(Con las manos extendidas sobre el pueblo:)

 

Dios, Padre misericordioso,

os conceda a todos vosotros, como al hijo pródigo,

el gozo de volver a la casa paterna.

R/. Amén.

 

Cristo, modelo de oración y de vida,

os guíe a la auténtica conversión del corazón

a travñes del camino de la Cuaresma.

R/. Amén.

 

El Espíritu de sabiduría y de fortaleza

os sostenga en la lucha contra el maligno,

para que podáis celebrar con Cristo la victoria pascual.

R/. Amén.

 

Y la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo +, y Espíritu Santo,

descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R/. Amén.