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EL OBISPO A LOS FIELES DE LA DIÓCESIS, SOBRE EL CASO DE ABUSOS A MENORES

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TEXTO Y VIEDO de la homilía que D. José Ignacio ha dirigido en la catedral a los fieles, hablando sobre el caso de abusos sexuales a menores relacionado con uno de nuestros sacerdotes.

 

 

 

 

15 de enero de 2017

Catedral del Buen Pastor

 

 

Queridos hermanos:

Soy consciente de que muchos de vosotros habéis pedido al Espíritu Santo que ilumine estas palabras que me dispongo a pronunciar. Os lo agradezco, y como podéis suponer, yo también lo he hecho. Pero, entendedme, que lo que le hemos pedido al Espíritu Santo, no es un discurso redondo y sin arista alguna, en el que todo el mundo quede contento… Lo que le hemos pedido es que estas palabras, y sobre todo, las lecturas de la Palabra de Dios que hemos escuchado, así como la celebración eucarística misma, sirvan para cuestionar, iluminar, purificar, fortalecer, consolar, reparar…; en una palabra, para dar esperanza en unos momentos tan duros.

 

Nuestra sociedad, y de una forma especial nuestra Diócesis, se ha sentido conmovida por la noticia de que un sacerdote que gozaba de una gran popularidad entre nosotros, y que además, había ejercido importantes cargos en la pastoral diocesana, anteriormente como responsable de la Pastoral juvenil, y más recientemente como Vicario general, cometió actos de abusos sexuales contra menores...

 

La gravedad de este tipo de abusos a menores, es especialmente grande, ya no únicamente por la materialidad del hecho, sino porque han sido actos cometidos aprovechándose de la confianza que se le otorga a un adulto, en su condición de padre, de familiar, de profesor, de entrenador, o de sacerdote –en nuestro caso presente-… La condición de presbítero, ministro sagrado de Jesucristo, añade un plus especial de gravedad, por la contradicción tan evidente entre esos actos y la santidad del ministerio sacerdotal y su mensaje evangélico.

           

            En primer lugar, quiero recordar las palabras que pronuncié en la rueda de prensa del pasado jueves:

 «En nombre propio y del conjunto de los fieles de esta Comunidad diocesana, manifiesto mi más firme y enérgica condena de toda forma de abuso sexual de menores, mayormente si dicho abuso es cometido por un sacerdote. Pido perdón en nombre de la Iglesia a las víctimas y familiares, por el daño que han sufrido en nuestro seno. Lo acontecido es algo absolutamente contradictorio con el mandato evangélico, ya que la Iglesia está llamada a ser un espacio de libertad en el que, con absoluta seguridad, todos podemos desarrollar íntegramente nuestra vocación a la plenitud humana y espiritual”

 

Y me reitero en el siguiente llamamiento que hice a continuación:

«En mi condición de pastor de esta Iglesia particular, no cejaré en mi empeño por tratar con justicia y equidad todo caso de abusos contra menores. Por ello, pido que afloren cualquier tipo de abusos sexuales cometidos contra menores que hayan podido cometerse en el seno de nuestra Iglesia, así como en otros ámbitos. Creo que lo acontecido es una gran oportunidad para ello, y quiero manifestar mi convencimiento de que tal paso sería grandemente beneficioso para todos: para las víctimas, porque les ayuda a sanar; para los agresores, porque desenmascara la mentira de su vida y les llama a la conversión; para la Iglesia, porque requiere de nosotros una profunda revisión; y para el conjunto de la sociedad, porque estamos ante un problema del que no está exento nadie. La verdad es buena para todos. No tenemos miedo alguno a que algunos sectores vayan a aprovechar esta ocasión para denigrar la labor de la Iglesia en su conjunto, o la credibilidad de su mensaje. Como dijo Jesús de Nazaret: “La verdad nos hará libres”. Insisto, es el momento de mostrar nuestro compromiso inequívoco con la inocencia de la infancia y de la adolescencia, nuestra solidaridad con las víctimas y sus familias; además de una oportunidad magnífica para testimoniar el amor a la verdad. Nosotros no somos dueños de la Palabra de Dios, sino siervos de ella».

 

            Dicho esto, añado que mi agenda queda disponible para atender de forma prioritaria los casos que puedan presentarse. Quiero también que sepáis que estamos reorientando la programación pastoral para el presente curso, de forma que sepamos responder al reto presente:

 1.- La implementación en nuestra Diócesis de la legislación civil sobre protección de menores, según la cual, todos aquellos que trabajen con menores deben obtener su certificado de estar libres de antecedentes penales en materia de delitos de naturaleza sexual. La aplicación de esta disposición legal entre nosotros, se extiende tanto a los laicos, como a los religiosos como a los sacerdotes que desarrollemos nuestra labor pastoral con niños y adolescentes. Aclaro que la implementación de esta legislación ya había sido iniciada antes de esta crisis.

2.-  En las jornadas, retiros y ejercicios espirituales programados para la formación permanente del clero, se abordarán y desarrollarán los temas relativos a la madurez afectiva sexual, así como al conocimiento de las patologías en su desarrollo; integrándolos en la formación espiritual. Estos temas también serán abordados desde las diversas delegaciones pastorales: familia, juventud, inmigrantes, etc.

3.- Hacemos un llamamiento a redoblar la oración y la penitencia, como instrumentos indispensables en la lucha contra el mal. La participación en el sacramento de la penitencia, en la Santa Misa, la adoración eucarística, así como el rezo del Santo Rosario, son medios preciosos para ello.

 

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Permitidme que dirija una palabra con respecto a nuestros sacerdotes, y lo voy a hacer partiendo de una anécdota ocurrida en estos días que me compartía uno de ellos:

 A las pocas horas de que se hubiesen hecho públicos estos hechos en los medios de comunicación, este sacerdote tenía su cita semanal con un adolescente a quien le ofrece un apoyo extraescolar en sus estudios (tal vez por motivos de falta de recursos económicos de la familia, o por otras razones que desconozco…). Cuando el adolescente se encuentra ante nuestro sacerdote, descubre que éste tiene los ojos llenos de lágrimas, y le pregunta qué le pasa:

.- Quiero que sepas que un amigo sacerdote ha abusado de unos chicos de tu edad, y por eso hoy estoy especialmente triste…

.- ¿Y hoy no me vas a dar la clase?

.- Mira, cuando una cosa así la hace un profesor, a nadie se le ocurre pensar que sus hijos tengan que dejar de ir al colegio. Y lo mismo, cuando lo hace un entrenador: nadie piensa que sus hijos tengan que dejar de hacer deporte. Pero a veces ocurre que, cuando lo hace un cura, algunos piensan que los hijos tienen que dejar de ir a la Iglesia…. Por eso, igual es mejor que te vayas a casa, y le cuentes a tus padres lo que te he dicho…

Por la noche, el sacerdote recibió un wassap que decía: “Lamentamos mucho lo que ha ocurrido con su amigo sacerdote. Queremos que sepa que nosotros tenemos plena confianza en usted y le agradecemos la labor que hace con nuestro hijo. Esta familia no olvidará nunca el testimonio de honestidad que hoy hemos visto en usted”.

 

                Queridos hermanos, como el Papa Francisco dijo no hace mucho: “Los sacerdotes son como los aviones, solo son noticia cuando caen”…  Un avión estrellado, llena las portadas de los periódicos, abre los telediarios…. colapsa los teletipos, es “trending topic” en las redes sociales…. Y sin embargo, sabemos que en este mismo momento, hay unos once mil aviones volando, y que a lo largo del día hoy, se van a realizar unos 100.000 vuelos.

¡Es profundamente injusto que la entrega de toda una vida a la causa del Evangelio y al servicio de los más necesitados, se vea puesta en cuestión por la sospecha que genera la traición de un compañero!

Vamos a apoyar a nuestros sacerdotes con alma, corazón y vida; conscientes de lo que decía el santo patrono de los párrocos, el Santo Cura de Ars: “El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”.

Aquel mismo día en se hicieron públicos los hechos, marché a Pamplona a cenar con nuestros seminaristas, por entender que necesitaban un cuidado especial al recibir esta noticia: hablamos, lloramos, rezamos, contrastamos… y cuando regresaba a casa por la autovía de Leizarán, los seminaristas me enviaron un mensaje diciendo: “¡Señor obispo, vamos a llenar el seminario!”

 

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                    Y quiero decir también una palabra referida a nuestro hermano Juan Kruz Mendizabal: Ha sido tan grande la presión mediática y la alarma social generada, que una catequista me decía que tenía miedo a invitar a rezar por él y por su familia…, por temor a que eso pudiera ser entendido como corporativismo o como un signo de equidistancia… 

 Pero eso, queridos hermanos, no es ni corporativismo ni equidistancia, sino puro Evangelio; eso es ser simplemente cristiano. Lo que no es cristiano, ciertamente, es hacer leña del árbol caído y ensañarse con alguien en sus peores momentos… Y cómo olvidar la inolvidable expresión de Jesús, nuestro Señor, pronuncia ante los fariseos que querían apedrear a la pecadora: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

********

 

            Para intentar decir una palabra a este respecto, he estado revisando mi biblioteca, hasta que he encontrado un artículo que leí siendo jovencito, y que me dejó profunda huella… Me ha costado, pero finalmente lo he encontrado: Es de un sacerdote fallecido hace ya 25 años, que era también periodista y un excelente literato (ganador del premio Nadar y del premio Teatral de Autores). Se llamaba Jose Luis Martin Descalzo. El artículo al que me refiero llevaba como título “Quemar a Judas”…. y voy a leeros algunos párrafos:

«Desde hace muchos siglos, en algunos lugares de Europa, se introdujo en la celebración popular de la Semana Santa la quema de algunos monigotes representativos de Judas: ¡¡Mandemos a la hoguera al apóstol traidor!!… Pero yo me pregunto si esa ceremonia sería verdaderamente cristiana, o si no sería una ceremonia dramáticamente pagana….

 Porque ocurre que, acaso el Iscariote no solo está entre nosotros, sino que somos todos y cada uno de nosotros: ¿Quién, en su vida real, no ha traicionado miles de veces las verdades más queridas? ¿Quién no ha violado sus más hondos sentimientos y malversado sus más formales promesas? ¿Quién no se ha cambiado de chaqueta y orientado hacia el sol que más calienta? ¿Quién no se ha «acomodado» a las nuevas circunstancias? ¿Quién no ha ignorado a su prójimo, que no es otro sino Cristo?

Acaso Judas ha tenido y tiene muchos más seguidores que el propio Cristo…. Y es malo reírse de sus treinta monedas. ¿Acaso los motivos por los que nosotros traicionamos valen más que ese miserable precio? ¿Es que una vanidad, un odio, una venganza, una pizca de seguridad o un puesto de mando son en rigor más valiosos?

Mejor será, por si acaso, no quemar a Judas, porque arderían nuestras almas con él… Entremos en la política, en el trabajo, en las mismas iglesias y gritemos desde la puerta «¡Judas!». Veréis cómo millares vuelven –volvemos— la cabeza…

Mejor entendía las cosas aquel niño que a principios de siglo sentía una profunda pena por el apóstol traidor. Aquel niño –George Bernanos se llamaba— dedicaba todos sus ahorros infantiles a mandar decir misas por el alma de Judas. Y como temía que los curas rechazasen sus intenciones si decía por quién las aplicaba, manifestaba en la  sacristía que las ofrecieran “por un alma en pena”.

Tal vez el pequeño Bernanos intuía que, en realidad, aplicaba sus misas por la humanidad entera. Por nosotros»

Hasta aquí la cita del artículo Martin Descalzo… Y tal vez sea apropiado añadir un sucedido narrado por el referido Bernanos, quien llegaría a ser un conocido novelista, autor del famoso “Diario de un cura rural”.

Contaba Bernanos cómo en un pueblo francés tenía lugar en pleno Viernes Santo una representación teatral de la Pasión de Cristo. En el momento en que Judas escenificaba su desesperación después de haber traicionado a Jesucristo, en un dramático monólogo, el apóstol traidor exclamaba: “¿Qué haré después de lo ocurrido? ¿Quién me acogerá? ¿A dónde podré ir?”….

En medio del silencio conmovedor de aquel teatro, se escuchó con nitidez la voz aguda de una niña que en su inocencia le pregunta a su madre: “Mamá, ¿y por qué no va a donde la Virgen?”.

 

                       Pues sí, queridos hermanos, vamos a acudir a Ella, a la Madre del Buen Pastor, y os invito a ponernos en este momento de rodillas para dirigirle la siguiente oración:

 

María, madre del Buen Pastor, madre de la Iglesia, madre de los hijos más pequeños, débiles y vulnerables… En estos días te hemos dirigido muchas oraciones, pero en este momento queremos hacerlo todos juntos, como familia, de rodillas ante ti, sabiendo que eres reina y madre de misericordia.

Maria, Artzain Onaren Ama, Elizaren ama, txikien, ahulen eta erasotzen errazak direnen Ama... Otoitz asko egin dizugu egun hauetan, baina orain elkarrekin egiten dizugu otoitz, familia bezala zure aurrean ahuspezturik, errukiaren ama eta erregina zarela jakinik.

 

Con el mismo amor y atención con que tomaste en tus brazos al pequeño Jesús, te pedimos que tomes en tus brazos y que cuides de quienes han sufrido abusos, especialmente en el seno de nuestra Iglesia. ¡¡Son tus hijos predilectos!! Quisiéramos que así lo sintieran y lo llegasen a experimentar.

Jesus txikia zure besoetan hartu zenuen maitasun berarekin zure besoetan har itzazu eta zaindu abusuak sufritu dituzten guztiak, bereziki Elizaren baitan sufritu dutenak. Horiek dira zure seme kuttunak! Hala senti daitezen nahi dugu, bizipen hori izatera iritsi daitezela!

 

Te pedimos también por el sacerdote que ha realizado este daño tan grande, otórgale la gracia de una profunda conversión…; y de una forma muy especial queremos pedirte por su familia: Dales a todos ellos el consuelo que solo Tú sabes dar…

Horrenbesteko mina eragin duen apaizaren alde eskatzen dizugu, emaiozu bihotz-berritze sakonaren dohaina...; eta era berezian beraren familiarentzat eskatzen dizugu: emaiezu Zeuk bakarrik eman dezakezun pozbidea...

 

Madre del Buen Pastor, te pedimos también por esta Diócesis de San Sebastián, condúcenos de la mano y enséñanos a ser testigos del amor del Corazón de tu Hijo…  Por nuestra parte, querida Madre, nos comprometemos a disponernos en el camino de la renovación y de la conversión, necesario para que nuestra Iglesia sea fidedigna a la hora de proclamar el mensaje del Evangelio...

Artzain Onaren Ama, Donostiako gure Elizbarrutiaren alde eskatzen dizugu, eraman gaitzazu eskutik eta erakuts iezaiguzu zure Semearen bihotzeko maitasunaren testigu izaten... Gure aldetik, Ama maite, berritzeko eta bihotz-berritzeko hitza ematen dugu, beharrezkoa baita hori, Ebanjelioa iragartzeko garaian gure Eliza sinesgarri izateko.

 

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