Meza-emaile, frantziskotar bihotzekook, herriaren ordezkariok, Arantzazuko Amaren zaleok:
Urtero bezala aurten ere igo gara mendi santu honetara, Arantzazu natur leku, kultur leku, bake-leku eta Jainko leku baita. Arantzazuko Amak erakartzen gaitu samurtasunaren indarrez. Bere inguruan berotasun eta gozotasun berezi bat nabarmentzen dugu Gipuzkoatik eta Euskal Herri osotik erromes gatozenok. Pozik esaten dizkiogu hebertarrak Judithi esandako hitzak, lehen irakurgaian entzun berriak: «Zu zara gure herriaren ohore bikaina... Zoriona ekarri diozu herriari eta atsegina eman Jainkoari». Izan ere Mariaren bidez etorri da gugana gure salbamena eta atsegina den Jesus. Paulok galaziarrei egindako idazkian esan digu: «Epea bete zenean Jainkoak bere Semea bidali zuen emakumeagandik (Mariagandik) jaioa gu askatzera, bere seme-alaba egitera». Maria bitarteko dela, Jesusen anai-arreba eta Jainko Aitaren seme-alaba eginak izan gara.
Edertasunez eta alaitasunez iragarri zaigu ebanjelioaren zati aukeratu bat. Lukasek Maria jarri du erdi-erdian pasarte honetan. Bizkor doakigu gure neska gaztea mendirik mendi Elisabeten etxera, bere laguntza eskaintzera. Elisabetek Mariaz esandako hitzik ederrenetarikoak plausta-plausta diogu guk: «Bedeinkatua zu emakume guztien artean... Zorionekoa zu sinestu duzulako». Xumea, ezjakina, pobrea... baina munduan izan eta izango diren emakumeen artean bereziki bedeinkatua, Jesus Jainko Semea zure sabelean sortu eta Nazareten hazi, hezi eta gizondu zenuelako. Eta zoriontsua, Jainkoaren deiari konfiantza osoz erantzun zeniolako, zure asmoak eta ametsak albora utzirik, hainbat ardura eta burukomin bizkarreraturik, zintzo eta leial zure eginbeharrak maitasunez betez.
Las lecturas bíblicas asignadas a esta fiesta, que acabamos de comentar brevemente en euskara, retratan el aspecto objetivo y subjetivo de la vida y misión de María. Ella, objetivamente, es la madre de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Por eso Isabel la llama «bendita entre las mujeres». Ella, subjetivamente, asumió su tarea de concebir, gestar, criar y educar a Jesús fiándose de Dios más que de su propia lógica humana, renunciando a los proyectos que había acariciado previamente, asumiendo las penalidades inherentes a su misión maternal. Por eso Isabel añade: «dichosa tú que has creído».
Cuando se cumplen los 800 años desde que san Francisco y sus hermanos espirituales fueron reconocidos por el papa Inocencio III, los franciscanos de Arantzazu han querido seguir durante la Novena que hoy termina, el rastro de los pasos de su Fundador para encarnar, actualizada, la vocación franciscana hoy y aquí. También nosotros somos invitados en el día de la Virgen de Arantzazu a formular netamente y a vivir generosamente nuestra propia vocación cristiana en las concretas circunstancias personales, eclesiales y sociales, con las mismas actitudes con las que la vivió María.
Mariaren ildotik nola gauzatu gaur eta hemen gure kristau bokazioa? Hona hemen guk gure buruari eta bihotzari egin behar diogun galdera. Gutariko bakoitzari begiratuta, gaurko giroan Jainkoa Jainkotzat onartzea iruditzen zait aukerarik behinena.
En el siglo pasado Nietzsche lanzó una consigna de futuro que los siglos XX y XXI vienen verificando: «Dios ha muerto». La muerte de Dios anunciada por él se refería sobre todo a que Dios iría siendo cada vez más irrelevante en la conciencia de los humanos y en la marcha de la sociedad. Cada vez habría más personas para quienes la existencia de Dios resultaría indiferente. El mundo de la política, la economía, la vida familiar, la sexualidad, el ocio no se regirían por las pautas del Dios de Jesucristo. No podemos negar que este pronóstico se ha cumplido en buena parte. Es más: está influyendo en muchos creyentes y debilitando su fe. Nosotros mismos descubrimos tal vez más fácilmente en el mundo la marca del hombre que la huella de Dios.
Es necesario que los creyentes avivemos nuestra adhesión vital a Dios y nos abramos a él y a su proyecto sobre el mundo. Es preciso alimentar esta fe debilitada en la lectura de la Palabra de Dios, en la oración sincera, en la entrega a los pobres y sufrientes, en el servicio desinteresado y exento de protagonismo a la sociedad.
Gure elizari begiratuta, beregan aurkitzen ditugun bekaturako joerak zintzotasunez aitortu, ebanjeliozko portaerak begiztatu, elizarengandik hartzen ditugun dohain nagusiak –fedea, eukaristia, elkartea– onartu eta egia bihurtzea dugu zereginik premiazkoena.
Muchas personas increyentes o indiferentes tienen una imagen tan lejana, sesgada y peyorativa de la Iglesia, que acaban mirándola no como un signo que apunta a Jesús, sino como un contrasigno que aparta de él. Bastantes creyentes convivimos y trabajamos en ambientes muy tocados por esta imagen peyorativa de la Iglesia. Nos apena a los creyentes registrar esta valoración unilateral y la carga de rechazo y desprestigio que lleva consigo. Nos aflige comprobar que la comunidad cristiana que debería ser un reclamo para la fe, sea, a veces incluso por sus propias faltas y mediocridades, un obstáculo para creer. Purificar el signo de la Iglesia mediante nuestra dedicación a la comunidad cristiana reclama de nosotros un compromiso que no debemos declinar. Procurar ser, en el ambiente familiar, laboral, social un signo limpio que despierte en los demás lo mejor y les ayude a descubrir las potencialidades del Evangelio es un trabajo duro, pero necesario. Los seglares habéis de interiorizar que estas actitudes son parte integrante de vuestra vocación.
Gure gizarteari begiratuta, bere ardura izatea eskatzen digu kristau-bokazioak: krisi ekonomikoan neurriz biziaz eta eskuzabalak izanez; politika-gaietan bakea eta adiskidetzea bilatuz; giza eskubide guztiak –ez batzuk bakarrik– betez eta exigituz; herritar ahulenak defendituz, gizatasuna murrizten eta usteltzen duten sasi-baloreak salatuz.
Dios nos ha plantado en esta concreta sociedad y en este pueblo no para ser espectadores pasivos o puramente críticos, sino para procurar transformarlos en lo posible con el humanismo del Evangelio. El testimonio y compromiso personales y comunitarios de los cristianos son más necesarios que nunca en estos tiempos en los que muchos valores morales se desdibujan en la conciencia, en la sensibilidad y en la práctica de buena parte de la sociedad: la responsabilidad, el comportamiento ético, la solidaridad y la debida disciplina. Omitir por pasividad, por escepticismo, por temor a las consecuencias la profesión y defensa de estos valores es hoy uno de los mayores fraudes que, ante Dios, podemos cometer a nuestros conciudadanos y a nuestro pueblo. En una fase de crisis económica que ya está apretando en nuestro entorno cercano, la sobriedad en la vida y la generosidad en compartir nuestros bienes con los necesitados son llamadas apremiantes que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros y que reclaman de todas las instituciones públicas responsables una política austera, eficaz y concertada. En una época en la que la desesperanza sobre nuestro futuro como comunidad política acecha a muchos es preciso insuflar en nuestro derredor una esperanza que, lejos de ser cándida, tiene su fundamento en que Dios nunca nos deja de su mano. Cuando los conflictos en la calle parecen haberse recrudecido es necesaria una postura de firme y rotunda repulsa de esta oleada destructiva y postular de los poderes públicos una respuesta adecuada y comedida, siempre respetuosa de todos los derechos humanos de la persona, de los que no pueden ser privados ni los más acendrados delincuentes. En un tiempo en el que fácilmente podemos someter nuestros criterios morales a las exigencias de la utilidad de la política partidista, es preciso afirmar muy claramente que para una moral inspirada en el humanismo evangélico el crimen más grave consiste en matar y que, tras él, según el Compendio de la doctrina social de la Iglesia (n. 404), ni siquiera para atajar el mal abominable del terrorismo sería permitida en ningún caso la aplicación de la tortura. En una coyuntura en la que se percibe la tentación de solventar las sensibles diferencias políticas existentes entre nosotros mediante la simple aplicación de la ley vigente, la comunidad cristiana, apoyada en el Evangelio y en la experiencia secular y universal de que los conflictos de cualquier tipo se resuelven auténticamente mediante la palabra, practicará y reclamará el diálogo como camino ineludible hacia la paz.
Senide maiteok: Arantzazuko Amarengana etortzen gara sarritan fede bila, bake bila, adore bila, aringarri bila. Gipuzkoako eta Euskal Herriko hamaika sinestedunok Arantzazun daukagu hauspo osasuntsu bat. Arantzazuko Amari eskatzen diot gaur, hemen, fedearen eta gure gizartearen onerako sortzen ari diren ekintzak eduki ditzala beti bere ardurapean.
Arantzazu, 9 de septiembre de 2009
† Juan María Uriarte, Obispo de San Sebastián