Senide maiteok:
Poztu zaitezte, Aleluia! Aita Jainkoak eman digu bere Seme bakarra, gu ere bere seme-alaba izan gaitezen. Jainkoak eman digu bere Hitz betea eta betirakoa den Jesus; ez du inoiz hitz hau jango, ez gaitu umezurtz utziko. Jainkoak erabat bere barnea Jesusengan hustu digu, maitasunak eraginik. Bere Semearen jaiotzaz erakutsi digu maitasuna gorrotoa eta inkomunikazioa baino indartsuagoa dela gizon-emakumeen harreman guztietan. Dios se nos ha comunicado enteramente en este Recién Nacido. ¡Aleluya!
Guztiahaldun dena, ahul agertu zaigu Jesusengan. Betikoa dena, Mariaren bitartez, hilkor. Aberats dena, behartsu. Jauna dena, guztion morroi. Hau da jazoera miragarria eta pozgarria! Samurtasuna, itxaropena, esker ona jazotzen duen jazoera. Aleluia! Abesti zaharrarekin esan dezagun «Agertu da Jaungoikoa, Mariagandik sortua». Ver llorar a la alegría, ver tan pobre a la riqueza, ver tan baja a la grandeza y ver que Dios lo quería. Gran merced fue en aquel día lo que el hombre mereció. Quién lo viera y fuera yo.
Entzun berri ditugun irakurgaiek hauxe aldarrikatu digute: «Jaunak arindu eta askatu du bere herria», esan digu Isaiasek. «Bera dugu Jainkoaren isla ezaba ezina» adierazi digu Paulok. «Hitza haragi egin da», iragarri digu Joan ebanjelariak. Dios nos consuela en el Nacimiento de su Hijo. Él es el reflejo pleno del Padre. Se ha hecho carne y sangre y ha plantado su tienda de campaña entre nosotros. He aquí el mensaje de la Escritura de hoy.
Las vivencias que despierta en nosotros el Nacimiento de Jesús constituyen una sinfonía de muchos acordes: admiración, alegría, contemplación, confianza, ternura, solidaridad. Quiero acentuar estos dos últimos acordes.
El Nacimiento de Jesús despierta la ternura. Los niños nacidos en nuestras familias abren en nosotros el manantial de la ternura. Este Niño ha venido a decir y a hacer que la ternura sea en nuestra sociedad más consistente y más duradera que la frialdad. Los analistas sociales destacan que una de las características predominantes de nuestra cultura es el individualismo. Este rasgo nos inclina a sentir a los otros como extraños y a adoptar ante ellos actitudes de indiferencia. Jesús ha nacido para que seamos, en esta sociedad, testigos no de la ternura superficial e ingenua, sino de la ternura que nos hace ver en todo ser una parte de nosotros mismos y provoca hacia ellos una profunda empatía. La empatía consiste en la capacidad de meternos en la piel de los demás para sentir sus aspiraciones, sus frustraciones, sus ilusiones, sus decepciones. Jesús, al nacer, ha introducido en el mundo una levadura de altísimo valor. Activados por ella, seamos reflejo de la ternura de Dios. Ella nos hará sentir con todos aquellos que no tienen una familia en la que celebrar la Navidad. Nos ayudará a sintonizar también con todos aquellos que, teniéndola, están separados de ella por razones de enemistad, de inmigración o de prisión. Jainkoak Jesusengan agertu digun samurtasunaren testigu eta hedatzaile izatera deituak gara kristauok.
El Nacimiento de Jesús es expresión inefable de la solidaridad de Dios con nosotros. Dios ha querido que su Hijo comparta nuestra suerte, nuestra condición humana. La ternura de Dios no es un puro movimiento de su corazón. Dios no se reduce a sentir compasión. Se pone a servir y a ayudar.
Una Navidad sentimental o consumista no es la Navidad cristiana. Sólo una Navidad solidaria se merece este nombre. Es bueno que nuestra mesa navideña esté mejor surtida y nuestro zapato sea visitado por algún regalo, signo del Gran Regalo de Dios que es Jesús. Sería vergonzoso, que en ese presupuesto extraordinario no figurara una partida generosa para los más necesitados. No tenemos derecho a lo primero si no practicamos lo segundo. ¿Queremos o no celebrar una Navidad cristiana? Kristau bezala ospatu nahi al dugu Jesusen jaiotza?
Si somos sensibles a la solidaridad económica, esta sensibilidad nos abrirá a otras sensibilidades que se traducirán en compromiso activo. ¿Cómo «pasar» en estos días hogareños del deber que tenemos de hacer cuanto esté en nuestras manos por las familias que han sido víctimas de terribles asesinatos que nos avergüenzan a todos? ¿Cómo no llorar con los que han perdido un hijo en un accidente y no brindarles siquiera nuestra compañía silenciosa? ¿Cómo no ofrecer los servicios adecuados a los familiares que sufren por una separación conflictiva y traumática que ensombrece la vida de sus miembros? ¿Cómo olvidar a centenares de familias guipuzcoanas que en estos días echan especialmente de menos a un miembro en prisión y a las que un nudo en la garganta les ha impedido cantar en torno a la mesa navideña el «Hator, hator mutil etxera»? ¿Cómo no pensar en tantas personas que viven solas y ayer cenaron en soledad impregnada de nostalgia y de tristeza ante un frío televisor?
Nola ahaztu hain familiako diren egun hauetan hilketa negargarri eta lotsagarrien biktima direnenganako gure eginbeharrak? Nola ez urreratu istripu batean seme-alabaren bat galdu duten familien albora? Nola ez isuri negar malko bat familiaren haustura sufritzen duten kideekin? Nola ez kontuan izan etxekoren bat preso daukatelako «Hator, hator mutil etxera» kantatzean dardarka eztarrian korapiloa nabariko duten familiak? Nola ez gogoan izan, joan ziren etxekoez oroiturik, tristuraz, telebistaren aurrean, bakardade gordinean bart gaueko afaria eta gaurko otordua jango dutenak?
Senide maiteok: Joanen ebanjelioak esan digu «Jainkoaren Semea beretarrak zirenengana etorri zen eta beretarrek ez zuten onartu». Baina hurrengo lerroan dio badirela onartu zutenak eta «hauek direla Jainkoaren seme-alaba». Dohain hartu dugun seme-alabatasun hau, Seme Nagusia den Jesusen Espirituaren laguntzaz jorratu eta ureztatu dezagun. Amen.
San Sebastián, 25 de diciembre de 2007
† Juan María Uriarte, Obispo de San Sebastián