Con motivo de la celebración, el 28 de abril, del Día Internacional para la Salud Laboral, los Secretariados Sociales de la CAV nos hemos adherido a la Campaña promovida por diversos movimientos apostólicos obreros para, además de concienciar a la población sobre este drama, solicitar al Parlamento vasco que propicie cuantas iniciativas sean precisas para eliminar en lo posible el dolor generado por los accidentes de trabajo. Y es que, aún sin acabar este primer decenio del actual siglo, en la CAV han dejado su vida en el trabajo cerca de 700 personas y varios miles tienen graves secuelas, según datos del Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laboral – OSALAN.
No podemos quedarnos en los fríos números. Cada uno de ellos representa a una persona que ha salido de su casa para ganarse honradamente la vida, aportando a la sociedad su trabajo, y no regresa al hogar o lo hace con graves secuelas de un accidente laboral. Ante esta realidad, no podemos permanecer indiferentes.
Muchas personas ven el accidente laboral como algo fortuito o una fatalidad que no se puede eludir. Lo cual manifiesta la necesidad y urgencia de una real sensibilización sobre las causas, así como de una concientización sobre las medidas a tomar para reducirlos lo más posible.
No es de recibo que, con frecuencia, se acuse a los propios accidentados de negligentes o imprudentes, haciéndoles así responsables de lo que les ha sucedido cuando, en muchas ocasiones, el accidente hubiera podido evitarse haciendo cumplir las vigentes normas de seguridad laboral y adecuando las condiciones de trabajo a las personas concretas que los desempeñan. Y es que existen causas de accidentes que se relacionan directamente con las condiciones y circunstancias en las que se realiza.
La realidad de la siniestralidad laboral nos lleva a plantear una serie de consideraciones interpeladoras:
- En primer lugar, ser conscientes de que no se debe abordar la cuestión de la salud y seguridad laborales desde la exclusiva búsqueda de soluciones técnicas –sin duda necesarias– sino que también ha de tenerse presente una valoración moral de la actividad productiva y de las relaciones laborales.
- En segundo lugar, reflexionar sobre la cuantía de los accidentes, sobre todo aquellos que deterioran definitivamente la salud física del trabajador. Cada vida humana es un gran valor por sí misma y si alguien la pierde en el trabajo, habrá que plantearse si no se podía haber evitado ese siniestro. El valor de toda vida humana no tiene precio y mientras diversas circunstancias en el trabajo lleguen a ocasionar lesiones, es importante que se pongan todos los medios posibles para que esto deje de suceder. Algún comité dentro de la empresa debe preocuparse de que funcionen realmente bien todas las medidas de protección y que los modos de trabajar respondan a la dignidad del trabajador.
- En tercer lugar, el accidente no sólo afecta al trabajador y su proyecto vital. Son muchas las personas cercanas que van a sufrir por el drama de una situación que no debiera haberse dado. De ahí que en la campaña se plantee también estrechar lazos con las víctimas o sus familiares, para ayudarles a asumir la situación y prestarles el apoyo que fuera necesario.
- En cuarto lugar, urge preguntarse por el sentido de una actividad que «necesita» estas pérdidas y cuál es la voluntad real de reducirlas al máximo. Sobre todo, cuando para rebajar costos o aumentar la productividad, se están ahorrando medidas de seguridad o imponiendo ritmos laborales inhumanos. Lo que se aporta en mejorar la seguridad y bienestar de los trabajadores revierte como ganancia general, aunque sea con un incremento del coste, porque no hay dinero que pague la pérdida de una vida humana.
- En quinto lugar, tomar conciencia de que éste es un problema no sólo económico sino también político, aunque no signifique ni debiera ser partidista. Se trata de buscar aquella organización de la vida social que responda al bien de todas las personas. La manera de entender el trabajo, la salud o la seguridad de los trabajadores son opciones humanas y nos afectan a los humanos. No es algo dado por naturaleza, sino que se puede modificar. De ahí la importancia de articular un Derecho al Trabajo que posibilite, por encima de todo, la dignidad, la vida y la salud de los trabajadores.
- Por último, a lo largo de los años, se constata que la inmensa mayoría de los accidentes pueden evitarse:
. Haciendo cumplir las leyes de salud y seguridad, lo cual denota la importancia de unas buenas y frecuentes inspecciones de trabajo, sin que se le den facilidades a la empresa para camuflar la realidad de su manera de actuar.
. Supresión de las subcontrataciones salvajes, donde se difumina la responsabilidad por los fallos en la protección laboral.
. Eliminación de la eventualidad para trabajos permanentes y sobre todo aquellos que sean peligrosos (pues los trabajadores no estarán suficientemente preparados y motivados), o con horarios excesivos (pues mucho tiempo seguido conlleva pérdida de concentración y reflejos).
Como apuntábamos al principio del comentario, se quiere presentar al Parlamento vasco, unos días antes del 28 de abril, una iniciativa popular para que los parlamentarios aborden con sensibilidad y determinación esta realidad, legislando para evitar en lo posible esta lacra. Para ello, en toda la CAV, se están recogiendo firmas de quienes quieran que esto se realice.
Más allá de ello, pero sirviendo mucho al objetivo anterior, se busca la concienciación e implicación de los más posibles para esforzarnos en lograr que se reduzcan drásticamente estos accidentes, se mejoren las condiciones de empleo y para quienes han sufrido este drama, como dice una oración muy querida por militantes cristianos trabajadores: «que los obreros muertos en el campo de honor del trabajo y la lucha, descansen en paz».
San Sebastián, 16 de abril de 2010
Secretariado Social Diocesano - Justicia y Paz