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LLAMADOS A ORAR POR LOS PRESOS

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La semana de la Merced que, celebramos del 17 al 24 de octubre es la ocasión para acercarnos y conocer la realidad penitencia de nuestra diócesis y ayudar a los presos y a sus familias. La festividad de la Virgen de la Merced, la celebrarán el domingo en la cárcel de Martutene, con la Misa que celebrará allí nuestro obispo D. José Ignacio.

El domingo, 23 de octubre, D. José Ignacio Munilla presidirá la Eucaristía con los presos en la cárcel de Martutene. Este será el colofón de la semana de la Merced que desde el día 17 viene celebrando la Pastoral Penitenciaria de nuestra diócesis y que tiene por objetivo sensibilizar a la población sobre la situación de los presos y hacer un llamamiento a la oración. 

 

Este año la Pastoral Penitenciaria además ha querido poner el acento en la realidad que viven los presos tras su salida de prisión y en la necesidad que siguen teniendo de ser atendidos y escuchados. Todo ello se refleja en la carta que la Pastoral Penitenciaria nos dirige y que reproducimos en su integridad: 

 

LA SALIDA DE LA PRISIÓN, UN RETO PARA LA COMUNIDAD CRISTIANA

Desde sus mismos orígenes, la Iglesia, fiel a Cristo (Mt 25,35ss) y solidaria con los más pobres, trata de salvar con su acción pastoral la persona del hombre todo entero, como miembro doliente de una sociedad humana que necesariamente hay que renovar.

La Pastoral Penitenciaria se realiza en tres ámbitos: Prevención, Prisión y Reinserción social. No se trata de una Pastoral meramente carcelaria, que se realiza sólo dentro de los muros de las cárceles: se añaden a la Prisión los ámbitos de la PREVENCIÓN de la delincuencia y de la REINSERCIÓN SOCIAL de quienes han caído en el delito. Es decir, no se trata de ocuparse sólo del “pájaro en la jaula”, sino de procurar que vuele y, ojalá, de que no vuelva a entrar. Si además somos capaces de que no tenga que entrar ninguno, pues mejor todavía. Ello reclamará una actuación integral tanto en el ámbito preventivo, como durante el internamiento penitenciario y posteriormente, a su excarcelación, facilitando la vuelta al medio social en condiciones aptas para la vida normalizada.

Este curso pastoral lo dedicamos al área postcarcelaria, con el lema “La salida de la prisión, un reto para la comunidad cristiana”. El servicio a los encarcelados no termina en la prisión. La Pastoral Penitenciaria ha de preocuparse también de ellos cuando salen de la cárcel, sea en libertad provisional, en libertad condicional, en libertad definitiva, o en el disfrute del tercer grado o de los permisos penitenciarios. En muchas ocasiones, la situación de estas personas es dramática a nivel económico, social, laboral, familiar, afectivo y económico.

El campo de actuación que puede desarrollar la Iglesia es muy variado: facilitar la integración familiar; crear grupos de apoyo para acoger y ayudar al preso al salir de la cárcel; asistencia organizada para quienes al salir no tienen adonde dirigirse; buscar un lugar donde puedan recibir una primera acogida, apoyo y orientación para su reinserción social. Esta atención postcarcelaria es un reto que Pastoral Penitenciaria ha de afrontar en colaboración con los servicios de Caritas y otros organismos.

De este modo, la Pastoral Penitenciaria colabora con sus recursos en la reducción progresiva de la reincidencia, mayoritariamente causada por la vuelta del liberto al medio y a las circunstancias que determinaron su ingreso en prisión; y, en no pocos casos, por la seguridad que tiene el reincidente de encontrar en la cárcel lo que no consigue como persona libre en la sociedad: satisfacer sus necesidades de comida, cama, salud, compañía, amistad, reconocimiento...

Pastoral Penitenciaria es responsabilidad de toda la Iglesia diocesana y de cada comunidad parroquial diocesana. La acción de la Pastoral Penitenciaria no es algo altruista, heroico o excepcional, sino fruto normal de la comunidad cristiana, que se abre al marginado y marcado por la experiencia de la cárcel, acogiéndolo como hermano e integrándolo comunitariamente, siendo la comunidad puente para su integración y normalización social.

En nuestro quehacer también encontramos dificultades, como la falta de medios económicos para atender las necesidades de los presos y de sus familias, la imposibilidad para acoger a los internos que no tienen dónde acudir durante los permisos o tras la excarcelación, los tabúes y dificultades para ofrecer nuestra ayuda y acompañamiento a las víctimas de los delitos o la falta de presencia de la Pastoral Penitenciaria en algunas parroquias de la diócesis.

 “Dios quiere salvar a todos sus hijos, especialmente a aquellos que, habiéndose alejado de él, buscan el camino del retorno. El Buen Pastor sigue continuamente las huellas de las ovejas descarriadas y, cuando las encuentra, las carga sobre sus hombros y las lleva de nuevo al redil. ¡Cristo busca el encuentro con cada ser humano, en cualquier situación en que se halle!" (Juan Pablo II).