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Homilía de despedida de Mons. Munilla

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HOMILÍA DESPEDIDA de Mons. Munilla 

(Catedral del Buen Pastor, 6-febrero-2022)

 

 

Queridos sacerdotes, diáconos, religiosos, consagrados y seminaristas; queridos laicos y familias, un saludo muy especial a cuantos seguís esta celebración por Betania-Tv y por el canal de YouTube, especialmente los que os encontráis en situación de debilidad y de soledad. ¡La paz de Cristo sea en vuestros corazones! 

 

Poza haundia da anaiok elkarrekin izatea, poza haundia da batzar hau ikustea… Jainkoaren pakea eta ontasuna izan daitezela zuek guztiokin!

 

Acabamos de escuchar la proclamación del Evangelio en la que Jesús invita a Simón a vencer los temores que nacen de su fragilidad y de su débil fe, con una palabra llena de autoridad y fuerza: “duc in altum” (¡remad mar adentro!)... Esta palabra resuena de forma especial no solo en éste que os habla en el día de su despedida, sino en todos los miembros de esta asamblea, porque somos conscientes de que Dios no da puntada sin hilo; y la nueva etapa que se abre en nuestra Diócesis y en nuestras vidas, es una etapa de crecimiento. Sí, lo repito, para disipar todas las nostalgias: hoy se abre una etapa de crecimiento para todos, para mí y para vosotros. No lo dudéis, nada de mirar para atrás con melancolía… La providencia entrecruzó nuestros caminos y nos ayudó a crecer espiritualmente. Sí, yo también he crecido espiritualmente, al mismo tiempo que he envejecido. Seguimos caminando con la confianza en que Dios siempre deja el vino bueno para el final. Lo mejor de nuestra vida está por llegar… “Duc in Altum”.

 

He tenido dudas sobre cómo afrontar esta homilía, y quiero que sepáis que han sido los jóvenes los que me han resuelto el dilema. Lo digo porque antes de ayer, que era Primer Viernes de Mes, acudí por última vez a la oración que mensualmente he realizado con ellos durante tantos años, en el contexto de ese día emblemático de los primeros viernes de mes. Cuando me ví delante de ellos, no me brotó otra cosa que compartir mis convicciones más profundas, a modo de últimos consejos. Terminé la oración diciendo: ¡pue esto mismo es lo que debo hacer el domingo, en la misa de mi despedida! Por esto, os voy a compartir un decálogo, en el que he querido recoger las que me parece que son las diez principales convicciones que he intentado trasmitiros a lo largo de estos doce años como pastor de la Diócesis… Y sin más prolegómenos, voy directamente a ello:

 

“Zatozte nigana nekatuok, lanpetuok, eta nik arinduko zaitzutet”, digu Jesusek…

 

Sabiduría de la confianza: Como bien sabéis mi lema episcopal ha sido éste: “In Te Confido” (Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío)… 

Me habéis oído repetir con frecuencia esta expresión de impacto: “¡Dios existe y no eres tú, relájate!”. Y hoy me refirmo en ello de una forma especial... ¿Nos pensamos acaso que caminamos solos en la vida, que todo depende de nosotros? Dios conduce los hilos de la historia. Me fío más de los aparentes ‘despistes’ de Dios, que en todos los planes, estrategias y cálculos humanos. 

 

 

“Izan zaitezte, bada, guztiz onak, zeruko zuen Aita guztiz ona den bezala”, digu Jesusek….

 

Vivir en gracia de Dios: Tengo por ahí, perdida como guarda páginas en alguno de mis libros, una estampa del Cristo de Velázquez, en cuyo reverso el sacerdote que dirigió la primera tanda de ejercicios espirituales que hice en mi vida con 16 años, escribió, a modo de ABC fundamental de nuestra vida: “Viviré en gracia de Dios, y si caigo me levantaré”. Lo más necesario y, por lo tanto, lo más urgente de nuestra vida, es vivir en gracia de Dios. Todo lo demás puede esperar.  Nuestro compromiso de lucha sin tregua por la santidad, viviendo en permanente estado de conversión, será la gran aportación que podamos hacer a la Iglesia y al mundo. Por lo demás, la cosa está bastante clara: La mejor manera de acercar a los lejanos es mejorar a los cercanos…

 

 

“Ordu bete ere ezin izan zarete nirekin erne egon? Zaudeta ere eta egizue otoiz”.. digu Jesusek

 

“Velad y orad”: Solo una oración profunda y perseverante, integrada en la celebración fiel de los sacramentos, nos dará la gracia de la perseverancia final… Necesitamos cimentarnos en Él: orar con intimidad, confesarnos como Dios manda con frecuencia y alimentarnos de la Eucaristía… No somos nada sin la gracia de Dios; pero con Él lo podemos todo. Y, por cierto, subrayo la importancia de la oración cristiana, del tú a tú con Jesucristo, sin dejarnos contaminar del influjo del gnosticismo en la espiritualidad católica.

 

 

“Amabiei dei egin eta binaka bidaltzen hasi zen…”

 

Necesidad de acompañamiento espiritual: Una de las frases del Papa que más veces me habéis oído repetir es la siguiente: “La fidelidad es la debilidad bien acompañada”… Digo yo que por algo enviaría Jesús a sus discípulos de dos en dos: porque tenemos que compaginar el ser acompañantes y acompañados… Arrastramos muchas heridas, y es clave que nos eduquemos en abrirnos a manifestarlas con trasparencia a quien pueda ayudarnos. Desde tantas experiencias vividas me atrevo a decir lo siguiente: Con frecuencia, los conflictos aparentemente ideológicos, encubren problemas psicológicos y espirituales, que son mucho más determinantes. Las ideologías son con frecuencia tapaderas de heridas no bien identificadas y acompañadas. 

 

 

“Egon erne, iraun sendo sinismenean, joka gizonki eta izan indartsu”

 

Fidelidad al depósito revelado: La Iglesia es depositaria de una Revelación que ha custodiado y seguirá custodiando a través de los siglos. No tenemos derecho alguno a pretender reinterpretar el depósito de la fe para hacerlo confluir con las ideologías contemporáneas. ¡Se trata de cristianizar el mundo, no de mundanizar el cristianismo! El Catecismo de la Iglesia Católica es un verdadero tesoro, una joya en medio del desierto del relativismo de nuestro tiempo. Estamos llamados a familiarizarnos con sus contenidos y a transmitirlos desde el propio testimonio de nuestra vida.

 

 

“Pedro, Jainkoaren erreinuko giltzak emango dizkizut…” dio Jesusek…

 

Comunión eclesial inequívoca: Mi nuevo nombramiento como obispo de Orihuela Alicante ha sido una buena oportunidad para subrayar este principio. Somos hijos de la Iglesia, y acogemos con gratitud el principio de obediencia existente en ella, que en absoluto es contrapuesto a la verdadera sinodalidad. Caminamos juntos, de forma vertebrada en el ministerio apostólico de la Iglesia, presidido por el sucesor de San Pedro. Por lo tanto, aprovecho para pedirlo una vez más: acoged al que sea mi sucesor con los brazos abiertos, antes incluso de saber su nombre, orad por él y ofreceros en su momento a una colaboración leal y humilde. Lo contrario sería demostrar que las ideologías (además de ser tapaderas de heridas no sanadas), anulan la fe y el sentido eclesial.

 

 

“Nire seniderik txikien hauetako edozeini egin zeniotena, neuri egin zenidaten”, digu Jesusek

 

Los pobres y los humildes nos evangelizan: Estoy convencido de que nuestra conversión estará incompleta mientras no nos dejemos cambiar la vida por los pobres y los humildes que nos rodean. ¡Yo lo he experimentado así y os lo comparto a corazón abierto! Cuando los pobres, los enfermos, los ancianos, los presos…llegan a cambiar tus horarios, tus planes, tus cálculos y previsiones, entonces ha entrado Jesús en tu vida. Mirad, esta misma mañana he estado en la prisión de Martutene (por la mañana ha sido la despedida con los encarcelados y por la tarde la despedida con los que estamos al otro lado de los barrotes), y os comparto la experiencia de que en pocos lugares he vivido la celebración eucarística con mayor presencia de Dios, como cada vez que he acudido a nuestro centro penitenciario. (Y, por cierto, ¡un saludo a cuantos nos están viendo desde “Martu” a través de Betania-TV).

 

 

“Zoazte mundo guztira eta otsegin berri ona”.. digu Jesusek

 

Existimos para evangelizar: Cuando nos presentemos delante de Dios, nos arrepentiremos profundamente de la cantidad de tiempo y energía que hemos malgastado en vanidades y estupideces. Tenemos el privilegio de haber sido invitados por el propio Jesucristo a colaborar con Él en la extensión del Reino de Dios en esta vida… ¿Puede haber un honor más grande que ser instrumento de Cristo, que ser enviado por Él para ofrecer la vida eterna a nuestros hermanos? ¿Acaso tenemos algo más importante que hacer? ¡Nuestra vida existe para evangelizar! Le pedimos al Espíritu Santo sus dones para acertar en los modos de realizarlo. No tengamos miedo a evangelizar en alta mar y en aguas profundas: Duc in altum!

 

 

“Ohoratu aitamak, luzaro bizi zaitezen”…

 

La familia: Existimos porque hemos sido amados, y la familia es el lugar en que descubrimos que el amor incondicional de Dios no solo es bello, sino que es verdadero. En medio de esta crisis antropológica sin precedentes en la que nos encontramos, cuidemos al máximo nuestra vida familiar. Y permitidme aquí que exprese en público mi gratitud a Dios por la delicadeza que ha tenido conmigo, por haberme permitido vivir con mi madre estos años, y por haberme despedido de ella hace dos años de una forma inolvidable. ¡Ha sido un detallazo, Señor!

 

 

“Txistua jo dizuegu eta zuek dantzarik ez; hilletak jo eta zuen aienarik ez”..digu Jesusek

 

10º Sentido del humor: Sí, para el último puesto en el ranking de este decálogo que os comparto, he dejado el sentido del humor, que sin duda alguna, es muy –pero que muy—sanador, tanto psicológica como espiritualmente. El sentido del humor no es otra cosa que el sentido común bailando. Se trata de una gran ayuda para relativizar en esta vida todo lo que no sea Dios mismo.

    Pues bien, resulta que he recordado que en la homilía que pronuncié el 9 de enero de 2010, en la eucaristía de Toma de Posesión como obispo de San Sebastián, hice una referencia que doce años después alcanza una actualidad especial. Estas fueron mis palabras: 

    “Al ver el calor de vuestra acogida, me he acordado del borriquillo que Jesús montaba aquel Domingo de Ramos en su entrada en Jerusalén, (con el que me siento identificado). ¿Os imagináis qué ridículo hubiese hecho el asno si hubiese creído que aquellas aclamaciones y aquellos saludos estaban dirigidos a él, en vez de a quien llevaba sobre sus lomos? Le pido al Señor no ser tan “burro” como para engañarme así….—(y continué diciendo en aquella homilía)—. Me parece que todos, sin excepción, deberíamos aplicarnos la parte que nos corresponde en esta imagen de la entrada de Jesús en Jerusalén. ¡Qué absurdo hubiese sido que quienes salieron a las calles aquel Domingo de Ramos, batiendo sus palmas y cantando cánticos de alegría, lo hubiesen hecho por el simple motivo de que el borrico les resultase simpático! ¿Y qué decir de los habitantes de Jerusalén, si se hubiesen resistido a recibir a Jesucristo, porque no les gustaba el asnillo sobre el que venía montado?”

    Bueno, pues… ¡mira tú por dónde!, que doce años después, me toca subirme encima del borrico… Le pido a Dios, eso sí, que al montar encima de la mula, no deje de ser consciente de que sigo llamado a ser como el borrico que lleva el peso de la cruz de Cristo sobre sus lomos.

    Con vosotros he sido cristiano, para vosotros he sido obispo. ¡Os llevaré siempre en mi corazón!